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miércoles, 18 de enero de 2012

Un tratamiento químico para móviles los protege del agua


La compañía Liquipel ha creado un protector químico que aísla los smartphones de cualquier líquido que entre en contacto con él.




Los smartphones han supuesto un gran avance para los usuarios en cuanto a conectividad, ya que pueden acceder a cualquier tipo de información o contactar con otras personas en cualquier momento y lugar. Sin embargo, estos nuevos dispositivos en ocasiones suponen un quebradero de cabeza, no por su usabilidad sino por ser delicados. Golpes, arañazos, caídas; cualquier percance hace que los usuarios teman por la vida de su dispositivo, informa Europa Press.
La compañía Liquipel ha conseguido que uno de los accidentes más comunes con cualquier gadget –que se derrame sobre él cualquier líquido– esté fuera de las preocupaciones de los usuarios. La compañía ha creado un protector químico, del mismo nombre que la empresa, que aísla al 100 por 100 el smartphone del contacto con cualquier líquido. De esta manera, el terminal seguirá funcionando aunque se caiga a una piscina.
No se trata de una carcasa o un protector físico sino de un tratamiento que aplican al smartphone desde la compañía. Por ello no se puede adquirir en un establecimiento, sino que los usuarios deberán enviar su smartphone a la oficina de Liquipel para que sea tratado. Eso sí, la oficina está en California.
Para aislar al smartphone hay varios precios diferentes, desde los 59 dólares (unos 47 euros) hasta los 79 dólares (unos 62 euros) dependiendo del tipo de transporte por el que se envíe el dispositivo a las oficinas y por el que sea entregado de nuevo al usuario.
Pese a que en los vídeos de demostración de Liquipel siempre aparece un iPhone, no es el único smartphone que la compañía aísla de los líquidos. Dispositivos de HTC, Motorola y Samsung son los que por el momento pueden recibir este tratamiento.

lunes, 9 de enero de 2012

Así se prueba el amerizaje de la nueva cápsula de la NASA




La cápsula Orion trasladará a los astronautas de EEUU

Tras seis meses de ensayos, la NASA hizo el pasado viernes la última prueba de aterrizaje en el agua de la cápsula Orion, el próximo vehículo que transportará a sus astronautas al espacio.
Los 8.165 kilos que pesa Orion impactaron sobre el estanque del Centro de Investigación Langley de la agencia espacial estadounidense el pasado 6 de enero.
Todos los vehículos son sometidos a numerosas pruebas antes de mandarlos al espacio. Los test de la cápsula Orion comenzaron el pasado mes de julio y han incluido la simulación de amerizajes en diferentes escenarios acuáticos.
El peor escenario posible
Así, se ha probado la cápsula a distintas velocidades y con diferentes ángulos de entrada, con paracaídas y con diversas condiciones meteorológicas. El objetivo es simular todos los escenarios posibles que podrían encontrar los astronautas cuando regresaran de una misión espacial cuando su vehículo caiga en el Océano Pacífico.
La última simulación que recoge el vídeo recrea las peores condiciones posibles que podrían presentarse. Aunque es improbable que estas condiciones se den en una misión, la tecnología espacial es sometida a las pruebas más duras para validar los prototipos.
Tras la jubilación de la flota de transbordadores, el pasado mes de julio, la NASA se quedó por primera vez sin transporte propio para sus astronautas. Hasta que esté lista la cápsula Orion, la NASA dependerá de las naves rusas 'Soyuz'.
Las pruebas de la cápsula Orion aún están en una etapa inicial así que los astronautas de EEUU aún tendrán que esperar varios años para estrenarla.

jueves, 5 de enero de 2012

Motos Eléctricas

Con 1 € son capaces de recorrer 250km. Se cargan con Electricidad. No necesitan mantenimiento, nada de gasolina, nada de aceite. Olvídense de revisar el Carburador, ni Filtros, ni cambios de Aceite.
Estan disponibles en Motos Eléctricas de 50cc y 125cc.


miércoles, 4 de enero de 2012

Bienvenid@ a la furia de los ultrabooks

Descubren un "Mundo Perdido" bajo la Antártida

Descubren un 'mundo perdido' en la Antártida





No se trata del hallazgo de una sola especie, sino de todo un ecosistema completamente nuevo para la Ciencia. Comunidades enteras de especies hasta ahora desconocidas y que han sido descubiertas bajo los hielos perpetuos de la Antártida, prosperando al calor de fuentes hidrotermales del fondo marino, en un ambiente oscuro y al que no llega la luz del sol. El descubrimiento, recién publicado en PLoS Biology por un equipo de investigadores de las Universidades de Oxford y Southampton, incluye nuevas especies de cangrejos, estrellas de mar, percebes, anémonas y el pulpo albino que aparece sobre estas líneas.

El espectacular hallazgo ha sido posible gracias al uso, por primera vez, de un vehículo operado por control remoto (ROV) para explorar la cordillera de East Scotia, en lo más profundo del Océano Antártico, una zona en la que los vientos hidrotermales crean un ambiente único, totalmente carente de luz solar pero en el que abundan diversos elementos químicos esenciales. En la zona existen fuentes hidrotermales (chimeneas negras) que alcanzan temperaturas de hasta 382 grados centígrados.

"Las fuentes hidrotermales -afirma el profesor Alex Rogers, del Departamento de Zoología de la Universidad de Oxford y autor principal del estudio-  son el hogar de animales que no se encuentran en ninguna otra parte del planeta y que no obtienen su energía del sol, sino de compuestos químicos como el sulfuro de hidrógeno (o ácido sulfhídrico). El primer estudio de estas fuentes, en el Océano Antártico, ha revelado un mundo perdido oscuro y caliente, en el que prosperan comunidades enteras de organismos marinos hasta ahora desconocidos".



Los datos obtenidos por el ROV incluyen imágenes que muestran grandes colonias de una clase desconocida de cangrejo (arriba), posiblemente la especie dominante del ecosistema y cuyos individuos se arraciman alrededor de las chimeneas submarinas.

El vehículo también descubrió una estrella marina de siete brazos, un voraz depredador que se arrastra a través de "campos" de criaturas que recuerdan a los percebes. A 2.400 metros de profundidad, el ROV se topó también con un raro pulpo de piel pálida que nunca había sido visto hasta ahora.

En su artículo, los investigadores se muestran sorprendidos por no haber econtrado ni una sola de las especies que son comunes en las fuentes hidrotermales del Pacífico, el Atlántico o el Índico. "Sencillamente - dice Alex Rogers- todas esas especies no estaban allí".


Rogers y su equipo creen que las diferencias entre los grupos de animales hallados en el Antártico y las que se encuentran en todos los demás océanos es una prueba de que las fuentes hidrotermales pueden tener mucha más diversidad y complejidad de lo que se pensaba. "Estos hallazgos -afirma Rogers- son una nueva muestra de la maravillosa diversidad que puede encontrarse en los océanos del mundo. En cualquier sitio que miremos, desde los soleados arrecifes de coral de los mares tropicales a estas fuentes de calor bajo la Antártida, sumidas en una oscuridad eterna, encontramos ecosistemas únicos que es necesario comprender y proteger".

sábado, 31 de diciembre de 2011

¿Por qué el año comienza el 1 de enero?

                                     El reloj astronómico de Praga
La decisión de comenzar el año en enero tiene su origen en la antigua Roma, en el siglo II a.C., pero durante la Edad Media el inicio del año se celebraba en la Navidad, la Encarnación o la Pascua. La historia de nuestro calendario, el más usado del mundo, es el resultado de aproximaciones sucesivas del año civil al año astronómico que marca las estaciones.

Un fundamento astronómico

El día y el año (tal y como está definido hoy) tienen su fundamento en el movimiento de la Tierra sobre sí misma y en torno al Sol. El día y el año son pues los ladrillos de un calendario solar. Sin embargo, el mes es una unidad basada en el movimiento de la Luna y forma la base de los calendarios lunares. La semana, una unidad intermedia muy conveniente para organizar los días de trabajo y de descanso, corresponde aproximadamente a una fase lunar.

El laberinto romano

Nuestro calendario actual es obviamente solar, pero sus orígenes se remontan al antiguo calendario romano que tenía un fundamento lunar. En la antigua Roma, varios siglos antes de nuestra era, el año era una sucesión de diez meses: Martius (dedicado a Marte), Aprilis (del latín aperire, abrir, por los brotes vegetales), Maius (por la diosa Maia), Junius (por Juno), Quintilis (el mes quinto), Sextilis (sexto), September (séptimo), October (octavo), November (noveno), y December (décimo).
El año comenzaba el primer día (calendas) de Marzo, bajo los auspicios del dios guerrero, pues esta era la fecha que marcaba el inicio de las campañas militares con la designación de los cónsules. Los meses comenzaban con la luna nueva, algo que era difícil de determinar observacionalmente (precisamente porque en esa fase la luna no es visible).
Además, como el año era mucho más corto de 365 días, su inicio iba cambiando de estación, lo que creaba inconvenientes en las campañas militares. Para evitar este problema, se intercalaban meses adicionales cada cierto tiempo. Esta situación se prestaba a un gran desorden. Los pontífices (encargados del calendario además de los puentes de Roma) alargaban y acortaban los años fraudulentamente, según su conveniencia, para prolongar la magistratura de sus amigos y reducir la de otros.
Numa Pompilius trató de acompasar el calendario romano a las estaciones añadiendo de manera permanente dos meses al final: Ianarius (dedicado a Jano, mes 11) y Februarius (de februare, purificación, mes 12).
A mediados del siglo II a.C., las campañas militares lejos de Roma (y concretamente en Hispania) requerían nombrar a los cónsules con suficiente antelación al comienzo de las actividades. En el año 153 a.C. se fijó el principio del año en el día 1 de Ianarus (en lugar del 1 de Martius), fecha en que se pasó a realizar el nombramiento de los cónsules, esto es, dos meses antes del comienzo de las campañas.
Gracias a los dos meses adicionales introducidos por Numa Pompilius, el año había pasado a tener unos 355 días, pero aún así era demasiado corto respecto del año de las estaciones. Ocasionalmente se introducía un decimotercer mes, algo también propicio a manipulaciones por intereses políticos o económicos. En el año 46 a.C. el año del calendario se encontraba desfasado unos tres meses respecto de las estaciones y seguía reinando el desorden.

César bien asesorado

Fue Julio César (102 – 44 a.C.) quien en el 45 a.C. (año 708 de Roma) decidió realizar una reforma definitiva del calendario. Encargó el trabajo al prestigioso astrónomo griego Sosígenes que estaba establecido en Alejandría. Sosígenes se despreocupó de la Luna y ajustó la duración de los meses para fijar la duración total del año en 365,25 días por término medio, es decir, unos 11 minutos más cortos que el año trópico (el de las estaciones, que dura 365,2422 días), transformando así el calendario de lunar a solar. Como resultaba conveniente que el año tuviese un número entero de días, se fijó el año ordinario en 365 días (como el de los egipcios) y para que no se acumulase un decalaje con las estaciones se decidió intercalar un día extra cada cuatro años.
Posteriormente, el mes Quintilus fue renombrado Julius (en honor de Julio César) y el Sextius pasó a llamarse Augustus (por Augusto) pero, por inercia del lenguaje, September, October, November y December han conservado unos nombres que hoy nos resultan aparentemente absurdos y que son, obviamente, inadecuados.

Reticencias con Enero

Este calendario, denominado juliano en memoria de Julio César, permaneció válido durante más de dieciséis siglos. Pero durante muchos de estos siglos, los católicos se resistieron a celebrar el principio del año en un mes dedicado a una deidad pagana.
En la Edad Media, diferentes pueblos de Europa tenían por costumbrecelebrar el principio del año en fechas de significado religioso. Dependiendo del estado europeo, se utilizaba el ‘estilo’ de la Navidad (el año comenzaba el 25 de diciembre), el de la Encarnación (25 de marzo), o el de la Pascua (¡con el año comenzando en fecha variable!). Y en algunos de los estados se cambiaba a veces. Por ejemplo, en Aragón se utilizó el estilo de la Encarnación hasta 1350, y entonces se cambió al de la Navidad que permaneció hasta principios del XVII. En pocos estados (por ejemplo Polonia, desde 1364) se utilizó el estilo de la Circuncisión, con el año comenzando el 1 de enero.
El inicio del año el 1 de enero se hizo obligatorio en muchos estados europeos a partir del siglo XVI. Se impuso en Alemania mediante un edicto hacia 1500; Carlos IX lo decretó en 1564 en Francia y entró en funcionamiento en 1567; en España se generalizó hacia el siglo XVII (en el XVIII en Cataluña), y en Inglaterra hubo que esperar hasta 1752.
Calendario gregoriano, Unión Soviética, del año 1930. | ELMUNDO.es
Calendario gregoriano, Unión Soviética, del año 1930. | ELMUNDO.es

Del juliano al gregoriano

Con el transcurso de los siglos, los 11 minutos de diferencia en la duración del año juliano y del trópico, generaron una deriva muy significativa. A finales del siglo XVI, a pesar de la corrección introducida en el concilio de Nicea (año 325 d.C.), el equinoccio de primavera (muy importante para la Iglesia, pues determina la fecha de la Pascua) caía hacia el 11 de Marzo, es decir, 10 días antes de la fecha que la Iglesia le había impuesto en Nicea. Esta situación llevó al papa Gregorio XIII a realizar una importante reforma en 1582, año al que recortó 10 días.
En el excelente calendario resultante, denominado gregoriano, vigente hasta hoy, el año tiene una duración media de 365,2425 días. Pero aún contiene diferencias significativas respecto del año astronómico (el año gregoriano dura 26 segundos más que el trópico) y aún conserva numerosas curiosidades y elementos peculiares. Por ejemplo, sigue conteniendo años bisiestos (entre los que se encuentra el 2012), pero se suprimieron los años seculares de entre tales bisiestos (salvo aquellos que son divisibles por 400).

También interesante

  • El término calendario deriva del latino calendas que se empleaba para denominar el día inicial de cada mes. Calendas, a su vez, procede del verbo calare (llamar). A primero de mes los cobradores reclamaban los tributos y, para ello, llamaban a los ciudadanos a gritos. El libro en el que estos cobradores anotaban sus cuentas se denominaba calendarium...
  • En Inglaterra, el inicio del año en el 1 de enero se decretó en 1752 (antes se celebraba el 25 de marzo). Para ello hubo que suprimir enero, febrero y veinticuatro días de marzo del año 1751, que sólo tuvo 282 días (del 25 de marzo al 31 de diciembre). Al mismo tiempo, se impuso el calendario gregoriano para lo que hubo que suprimir 11 días de 1752 (en lugar de los 10 que fueron necesarios cuando se instauró la reforma por vez primera en 1582). Al miércoles 2 setiembre de 1752 siguió el jueves 14 de setiembre. Lord Chesterfield, promotor de las reformas, tuvo que aguantar sátiras en las que se le reclamaba: "Devuélvenos nuestros once días".
  • El peculiar calendario republicano francés, que estuvo vigente apenas trece años (desde octubre de 1793 hasta diciembre de 1805) cambió el principio del año del 1 de enero al día del equinoccio de otoño en París, aniversario de la Primera República (22 de setiembre de 1792). El mes en que comenzaba el año pasó a denominarse Vendémiaire (por la vendimia).

jueves, 29 de diciembre de 2011

Crean un sistema biológico artificial que dobla la eficiencia de la fotosíntesis natural

Investigadores norteamericanos modificaron una bacteria para producir el doble de electrones que el proceso normal.

Una hoja en el parque del Retiro de Madrid.

Científicos de la norteamericana Penn State University han creado un pequeño dispositivo biológico alimentado por energía solar que dobla la eficiencia de la naturaleza a la hora de producir hidrógeno, una alternativa energética a los combustibles fósiles. Entre las ventajas del hidrógeno está la de producir agua como desecho, pero es un gas difícil de producir, informa la cadena pública australiana ABC.
En la naturaleza, la luz es capturada por una enzima llamada Fotosistema I, que la emplea para impulsar el transporte de los electrones, que se mueven de forma relativamente lenta a otra enzima conocida como FNR. Esta enzima se encarga de combinarlos con una molécula llamada NADP+ y un ión de hidrógeno para producir una molécula llamada NADPH que sirve como almacén de esa energía.
El grupo de científicos dirigido por Carolyn Lubner ha sustituido esa enzima FNR con hidrogenasa, que combina dos electrones con dos iones de hidrógeno para producir una molécula de hidrógeno (H2) que puede emplearse como combustible. Además, la unió de la hidrogenasa con los terminales basados en hierro de la enzima Fotosistema I forman una cadena que han calificado como "alambre biológico" y que permite que el proceso sea más rápido que el natural.
No obstante, para que el sistema funcionase fue necesario alimentarlo con vitamina C, que es la fuente de la que el proceso obtiene los electrones. Sus creadores creen que es fácilmente adaptable para producir otros combustibles biológicos distintos.